Gorxas

Opiniones y comentarios

Archive for Febrero 12th, 2010

SIN RAIZ NO SE CRECE

Posted by migarpo on 12th Febrero 2010

Como en la naturaleza casi todos los vegetales necesitan unos sustentos que le den estabilidad así como alimentación y todo lo necesario para vivir, también en el reino animal se necesitan tener unas raíces para poder desarrollarse de una manera armónica en la vida futura.

Es decir, sin raíz no se puede vivir. Pero lo importante ahora es saber definir que son las raíces y su importancia en el devenir de las personas.

Para mí, y no tiene por que ser la norma, son aquellas enseñanzas, culturas, hábitos y demás características que nos vienen o que están impresas por actuaciones familiares o ambientales.

Trataré de ir desmenuzando este conglomerado de, llamémosle cosas, ya que no se me ocurre otro vocablo que las aglutine, de diferentes procedencias y orígenes.

En mi opinión, y después de una reflexión mas o menos académica, buscando esas raíces vamos a llegar a la conclusión que de alguna forma todos estaremos emparentados por alguna de las raíces propias que tenemos. Por supuesto no todas, pero si que tendremos, casi todos, unas comunes que nos tendrían que unir mas y no separarnos como es nuestro ser natural.

Aquellos principios morales que hemos visto en las actuaciones de nuestros mayores y de nuestros maestros, aunque no queramos o no nos demos cuenta alguna vez, son parte de ese sustento para crecer.

Pero, cuidado, también hay raíces y brotes, que aunque salgan, no se pueden dejar crecer y desarrollar, y todos, la gente de bien y los otros, sabemos que hacen frutos malos y deleznables.

Por todo esto, como veréis, es bastante complicado pormenorizar en este tema. Para unos, sus raíces son elemento preferente de actuación, mientras tanto, para otros, son radicalmente esas mismas fruto a erradicar.

Todo esto va muy unido a la identidad del propio individuo como característica personal.

Imaginemos una sociedad donde prevalece el varón sobre todas las cosas. Para unos, los que defienden ese tipo de actuación, nos darían un sinfín de razones, para ellos objetivas, de su bondad. Por el contrario, los otros, no verían nada aprovechable en ello.

Y ante una misma característica, el idioma vernáculo, unos dirían que es elemento de unión imprescindible y otros opinarían, con sus razones que es elemento de separación.

Así pues, vamos a llegar a la conclusión que no es el elemento en si el malo o bueno por naturaleza, sino la utilización del mismo, según sus circunstancias.

Una buena forma para poder crecer con todas las raíces que por las circunstancias nos han sido impuestas es la capacidad de discernimiento individual de cada cual. Todas ellas, queramos o no, nos influyen de una manera o de otra. Si yo he vivido en una familia racista esta raíz que he mamado me ha quedado impresa en mis genes, pero aunque la tengo ahí, no quiere decir que yo tenga que ser racista, puedo, razonando y pensando, ver que es una postura excluyente que no aporta nada bueno a mi carácter y que si lo practíco no estoy obrando bien. Está claro el concepto.

Otro ejemplo muy de andar por casa es la religión impuesta por nuestros mayores o por la sociedad del momento, es buena o mala la enseñanza según su uso y su obligación.

Seamos claros, todo lo que somos y pensamos, en principio, nos fue impuesto de alguna manera y lo llevamos dentro. El caso es saber como discernir en su empleo.

Como es natural cada cual sabe, o debe saber, cuales son sus raíces, tanto étnicas como culturales o religiosas, y de ellas hay que saber aprender, todas, en su conjunto pueden ser aprovechables. Unas, las que consideramos buenas y provechosas, desarrollarlas y comunicarlas al máximo de personas posibles con el fin de que también las apliquen, y las otras, que por su consideración nos parezcan reprobables o significativamente perniciosas que nos sirvan para que nuestras actuaciones no tengan nada parecido.

 

Posted in General | 239 Comments »

UNA HISTORIA

Posted by migarpo on 12th Febrero 2010

 

Año 1964, santo para mas señas, ha ocurrido una historia real que parece increíble  por sus circunstancias.

Ese año iba yo por primera vez a la universidad después de haber pasado el preuniversitario con éxito.

Como todos los nuevos fui unos días antes de empezar el curso en busca de un sitio para alojarme durante el año de estancia en Santiago. Mis padres querían un sitio bueno donde pudiera estar confortable y al mismo tiempo con un cierto control. En esos días antes fui con mi hermano a buscarlo y después de mucho pensar y recorrer nos pareció bueno ir a un Colegio Universitario ya que reunía todas las pequeñas exigencias de nuestros mayores. Y entonces fuimos para saber los trámites que había que realizar. Nos dieron una solicitud de plaza y nos volvimos para casa.

Y la historia sigue. Pasados unos días, con mi maleta y el tren como medio de desplazamiento me trasladé a la ciudad del Apóstol para empezar mi vida como universitario.

Llegado a Santiago me traslade a la ciudad universitaria que era donde estaba ubicado el Colegio Mayor Fonseca, que seria mi nueva residencia.

Al llegar con mi maleta en la mano y la solicitud también me dirigí a la primera persona que vi, que estaba en una especie de recepción. Por cierto, se llamaba Pepe, y luego me enteré que le llamaban “el Centraminas”, ya que tomaba esas anfetaminas para concentrarse en el estudio. Le dije que venía para quedarme y que aquí estaba la solicitud de plaza. Se quedó totalmente sorprendido y me dijo: No mire, lo que tenia que hacer usted es mandar la solicitud por correo a la Universidad primeramente y después de estudiarla ellos le enviaran la contestación si le dan la plaza y en caso afirmativo entonces venir para quedarse. Me quedé estupefacto, como dice el refrán “Compuesto y sin novia.”. No sabia que hacer, en aquella época, para mi, Santiago y Vigo estaban muy lejos. ¿Que hacer? Yo venia para quedarme y me dicen  que me vaya para casa de nuevo. Le dije que no podía ser así, que tendría que haber alguna solución pero me dijo que las cosas son como yo le digo.

No sabía que hacer ni que camino tomar, pero no me quería marchar.

Ante mi insistencia me dijo: Hable usted con el Administrador pero creo que le dirá lo mismo que yo. Acto seguido, y viendo que era la única puerta que se me abría en el dilema me fui a hablar con dicho señor con la esperanza de arreglar mi problema.

Subí al primer piso por la escalera con mi maleta en la mano y quizás ahora que lo recuerdo, se me hicieron eternas, cada paso que daba mil pensamientos venían a mi cabeza tratando de buscar una explicación convincente que pudiera ser creíble y llegar a un buen puerto. Pero no, nada se me ocurría, y llegue a la puerta en la que ponía Administración, me temblaban las piernas con mis indecisiones, y en un arranque de valor inusitado en mi, toque suavemente con mis nudillos la puerta. De repente una voz fuerte desde dentro dijo – Adelante – y sin saber como de un modo reflejo, giré el picaporte, abrí la puerta y me encontré con un hombre de unos cincuenta años con cara muy seria que me dijo ¿Qué desea?.

La verdad, después de lo sucedido en la entrada, no sabia que decir, pues sabía el fin de la historia de antemano. Pero no había otra alternativa que contar lo sucedido. Así que le conté que estaba matriculado en la Facultad de Medicina para cursar el primer año y que tenia la solicitud de plaza y que venia para quedarme y que en la entrada me decían que no podía porque estaba sin tramitar. El hombre, que me escuchó pacientemente la explicación, asentía con la cabeza a todo lo que yo le decía por lo que cada vez me parecía peor mi situación. Una vez terminada mi disertación magistral y después de un eterno silencio de un minuto aproximadamente, tomo el la palabra y, con muy buenas palabras por cierto, me dijo que realmente lo que “El Centraminas” me había dicho era realmente cierto y tendría que marcharme y dejarle la solicitud de plaza a el, que se encargaría de tramitarla y que en breve recibiríamos la contestación pertinente. Me quedé de piedra. Mi gozo en un pozo. Que diría en casa de lo que había pasado. También fueron unos minutos eternos en lo que mi cabeza bullía como una olla de caldo hirviendo. Y entonces sucedió lo que sucedió.

¿Intrigados, verdad?

Pues tiene su puntito. ¿Por qué pasados cuarenta y seis años del hecho me pongo a escribirlo? Es que me pasa como al Abuelo Cebolleta de los tebeos, que ahora me gusta contar algunas historias de mi pasado, mis batallitas, que con el ordenador son mas fáciles de contar, ya que no hace falta público.

Seguimos adelante.

Bueno, pues como contaba anteriormente, parecía una estatua delante de aquel “venerable anciano”. Pero mi cerebro, al que le debo muchas cosas, me ayudó a salir con bien de esa situación tan embarazosa que se me había creado.

Le miré fijamente, como miran los galanes antiguos de las películas cuando van a hacer alguna declaración importante, y le dije, ¿No se llamará usted Isaac?, y le vi que le cambiaba el semblante, siempre serio en la conversación, por un rictus de curiosidad. Y me contestó, Si. En ese momento vi el cielo abierto, ya tenía alguna oportunidad. Entonces hice la otra pregunta clave del asunto ¿Estuvo usted en Asturias en la guerra con Arturo?, y el rictus de curiosidad antes observado pasó a una sonrisa franca que me elevó totalmente la moral mientras asentía con la cabeza y de su voz escucho un Si. Con  estas dos respuestas afirmativas tomé yo entonces la palabra y de dije que era el hijo de Arturo. Lo que es la amistad, lo que supongo que puede unir a las personas la convivencia en tiempos de guerra. Pues una vez aclarado, o mejor dicho, desvelado esa cierta relación, D. Isaac me dice “para el hijo de Arturo lo que sea” y sacando el plano de las habitaciones del Colegio Mayor me vuelve a decir “elige la habitación que quieras que te quedas ya”.

Aunque la historia así contada no parece muy increíble, como digo al principio, cuando aclare ciertos puntos veréis que si lo es.

Por supuesto es normal que un amigo haga lo que sea, dentro de un orden, por el hijo de su amigo. Pero lo increíble es que yo no había visto nunca personalmente a este señor. Me explicaré, cuando eres pequeño, menor de diez años, mas o menos, a todos nos gustaba ver los álbumes familiares de fotos antiguas, y yo en esas edades era muy preguntón, y muchas tardes de invierno en casa de mis padres, nos dedicábamos a verlos, de aquella no había televisión ni otras muchas cosas que ahora hay, y los repasábamos con cierta frecuencia. Aquellas fotos que veíamos de las personas que no conocíamos preguntábamos los nombres de ellos, y así, en una pequeña de 5×4 cm., en las que estaban cuatro personas escribiendo a maquina, entre ellos mi padre, en primer termino había uno que cuando preguntaba me decían que se llamaba Isaac.

Y así es la historia que os he contado. Por cierto, totalmente cierta. Hoy contada con cierta prosa.

Me estoy preguntando una cosa y no se realmente la respuesta. Se lo habré contado alguna vez a mi padre. Si no lo hice, muy mal por mi parte, ya que debería haberlo sabido.  

 

Posted in General | 10 Comments »